
Los seres humanos tienden a querer algo con todas las fuerzas suficientes para mantenerlo allí al lado, sabiendo que pronto en un abrir y cerrar de ojos lo odiarán. Sí, ese es mi problema. Ese es mi gran problema. Sujeto tus manos sabiendo que no son mías. Sujeto tu cuerpo sabiendo que ninguna parte de aquella preciada materia me pertenece. Te miro a los ojos fingiendo que tu mirada está allí apuntando justo a la mía, haciendo que aquella sensación que antes me parecía ajena – la de las mariposas en fantasía conjunta dentro de mí- se incremente cada vez más. Creyendo que en algún minuto del día mi imagen se te presentará en la cabeza pensando en cómo me irá y en cómo estaré. Tratando de creer también que me extrañarás como yo lo hago cada segundo de mi preciado y fatídico tiempo.
Estoy enferma, enferma de ganas de atarte y dejarte aquí a mi lado para siempre. Enferma de ganas de querer comerte la boca cada que pueda. Enferma de ganas de hacerte mío noche y día sin importarme nada ni nadie más que tú y yo en el momento. Enferma de amar, enferma de caer.
Pero no, nada es como creo que es. Nada es nada comparado a todo lo que me expresas. Nada es nada comparado a todo lo que me haces sentir. No tengo ni un solo escalón ganado en tu escalera perfecta denominada amor. No tengo nada tuyo, no tengo nada de ti. Y en eso recaigo cada vez.
Las cosas en común nos apartan, tú vas por un lado yo por el otro. Si yo estoy en cien, tú estás en diez. Si a mí me gustan las “A” cosas, a ti te gustan las “Z”cosas. Nada nos une, nada. Aquí viene el punto en donde mi mitomanía decae cada segundo, aún así me sienta ganadora en dicho arte. Pero allí estás, tú por un lado, yo por el otro. Nos juntamos un día, somos dos en uno, ¡qué maravilloso día!, pero las horas pasan, en la luna siguiente no sabrás quien soy. Te resultaré una perfecta desconocida como suele –siempre- pasar.
Resultado de la teoría aplicada: quiero para luego odiar.
Mañana más tarde, los brazos que te acojan serán de una que otra bala perdida lanzada al azar. Así será y eso lo sé. Te aborreceré, te insultaré en mi silencio, desapareceré y mira como comienzo. Sí, mírame. Mujercita que está al tanto de todo, disminuyéndose por dentro, tratando de aparentar que nada pasa. Mujercita que te espera siempre con los brazos abiertos.
No esperes que te odie para que sepas algún día todo lo que tuve escondido para ti. No esperes a que me convierta en un fantasma más de tus triviales recuerdos. Al fin y al cabo, odiándote o queriéndote… siempre estaré allí.
Tú por un lado, yo por el otro.
M.






Cierto! que se preocupen si nos olvidamos de sus nombres pero mientras siempre haya un recuerdo que nos haga sonreir o golpear una pared... ahí estarán, por su lado. Lo bueno? Almenos nosotras vamos por el mismo, JUNTAS. TE ADORO
ResponderEliminar