Me gustaría ser como Orfeo, tocar al son de la cítara y poder doblegarte, hacer que te derritas cual helado con fresas, que reanimes todos tus sentidos, que renazcan de nuevo y salgan del Thánatos, que logren vencer a los hecatónquires y que vengas a mi, que te espero con los brazos más que abiertos. Lamentablemente no tengo ese don, ni la belleza de Afrodita, quien esconde con su hermosura la verdad de todo, ni el don del oráculo de Delfos para poder presagiarte qué vendrá. Actualmente es imposible conmover a una piedra, pero vale el intento, por más que sólo en eso quede, en un simple intento. Pero sí, es posible que llegue a cortar el tilin de tu corazón, ese poder sí lo tengo y eso que no soy ninguna deidad, pero lo único que me falta son ganas, ganas de arriesgar y sentir como dicen por ahí: "el mareo del declive", de nuevo.
Soy una moria más, llévame última.
M.





