Es demasiado perfecto escuchar el sonido de los grillos al cantar, la ida y venida cada diez minutos de los autos por la avenida, las ramas de los árboles sacudirse de un lado al otro. Desde el balcón del cuarto piso diviso el cielo y a la vez siento el movimiento del suelo, cual temblor avisando su llegada. El cielo, no posee muchas estrellas esta madrugada, pero siempre hay una que no sabe ausentarse, coquetea conmigo, egoísta aquel astro que nunca quiere parar de ser contemplado. ¿Cómo se llamará?, da igual, es mi favorita “A”.Es insólito, la madrugada me invita a acompañarla con todos estos elementos complementarios y no me resisto. Estar en completa nebulosidad y sólo obtener la necesaria claridad para poder escribir, me cautiva, me hace sentir más viva y humana de lo que me siento en el transcurso de un día normal. Las luces de los faros me inspiran tranquilidad, esas luces tenues que brindan seguridad a cualquier transeúnte que se aventure a pasear en soledad por lares un tanto peligrosos.
Sentada en un sillón, observo todo, examino y siento. Siento presencias abstractas que no me atemorizan, sino me acompañan en este laberinto que representa paz para mi tiempo. Con tanta maravilla junta, ¿cómo es posible que los ojos se puedan cerrar dejando al cuerpo reposar en brazos de Morfeo?. Aún no lo entiendo.
No suelo resumir mi día, suelo resumir mi madrugada. ¡Qué cojonudo!. Más tarde tendré que despedirme de todo, en especial de la acaparadora “A”. Más tarde amanecerá de nuevo y mi momento de tranquilidad habrá culminado.
M.





